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CUARTA | GIMNASIA

Rivadeneira fue el mejor de una final vibrante

RivadeneiraFiguraLa emoción de Mariano Rivadeneira y el abrazo con Maxi Guardia (Foto: Blas Bonafini)

NoeMethol

La Cuarta División del Lobo goleó a Tigre por 3 a 0, y se consagró campeona de la Copa Integración. En el gran trabajo colectivo, Gimnasia encontró sus piezas claves repartidas en toda la cancha. Mariano Rivadeneira, quien hizo méritos en ataque para convertirse en el mejor del encuentro, se subió al primer escalón del podio del campeón. Lo siguieron Gustavo Mendoza que anotó por duplicado, y Nicolás Ortiz insuperable en defensa. Este el el podio de la gran final.

La figura del partido fue Mariano Rivadeneira quien, con su gol, quebró el cero en el marcador y encendió la ilusión del conjunto tripero. El acierto del juvenil tucumano valió tres puntos;  le cambió la cara al partido y brindó el juego que no había podido encontrar el Lobo en su última presentación ante el Matador. Asistido por Juan Manuel Díaz, se metió en el área de Tigre y sin dudar definió el 1 a 0 con un cabezazo certero en el ángulo del segundo palo. En más de una vez acercó el peligro a la valla matadora, con una pegada determinante. Su socio ideal en la ofensiva fue Iván Jones, con quien formó una dupla perfecta para inquietar a la defensa rival.

La goleada ante Tigre la completó Gustavo Mendoza con dos goles inolvidables. El primero, en 39´del complemento, a través de una exquisita ejecución de tiro libre que se metió en el ángulo derecho de Esteban Ruiz Díaz. El segundo, en el cuarto minuto adicional, en donde el salteño evadió todas sus marcas por el sector izquierdo y con un remate cruzado firmó el 3 a 0 final. Además de su aporte en la salida del equipo, junto a Agustín Bolívar se adueñaron del mediocampo y anularon el juego de Brian Oyola, quien había sido el jugador más desequilibrante para Tigre en la última fecha.

En la última línea del equipo Mens Sana, Nicolás Ortiz se volvió protagonista. Fue una de las variantes en la definición del equipo titular de cara a la final, y cumplió en demasía con una excelente labor defensiva. Ganó siempre de arriba, anuló los ataques rivales en cada mano a mano, y estuvo firme en el rechazo. A su vez, le brindó tranquilidad al “uno” tripero, Nélson Insfrán, y aportó en el logro de mantener su valla intacta.